domingo, 7 de noviembre de 2010
sábado, 28 de noviembre de 2009
martes, 24 de noviembre de 2009
Cuento de Nochebuena
Feliz Navidad a mi hermanita Angelica Helena Barrios
Feliz Navidad a mi primo Javier Eduardo Gonzalez, Samuel y Yesenia,
Feliz Navidad a mi primo Jorge Carlos Gonzalez, Isac y Adriana,
Feliz Navidad a mi prima Luz Angela Escobar, su esposo Carlitos y Flia.
Feliz Navidad a mi gran amiga Katty Gonzalez e hijos.
Cuento de Nochebuena
El hermano Longinos de Santa María era la perla del convento. Perla es decir poco, para el caso; era un estuche, una riqueza, un algo incomparable e inencontrable: lo mismo ayudaba al docto fray Benito en sus copias, distinguiéndose en ornar de mayúsculas los manuscritos, como en la cocina hacía exhalar suaves olores a la fritanga permitida después del tiempo de ayuno; así servía de sacristán, como cultivaba las legumbres del huerto; y en maitines o vísperas, su hermosa voz de sochantre resonaba armoniosamente bajo la techumbre de la capilla. Mas su mayor mérito consistía en su maravilloso don musical; en sus manos, en sus ilustres manos de organista. Ninguno entre toda la comunidad conocía como él aquel sonoro instrumento del cual hacía brotar las notas como bandadas de aves melodiosas; ninguno como él acompañaba, como poseído por un celestial espíritu, las prosas y los himnos, y las voces sagradas del canto llano. Su eminencia el cardenal —que había visitado el convento en un día inolvidable— había bendecido al hermano, primero, abrazádole enseguida, y por último díchole una elogiosa frase latina, después de oírle tocar. Todo lo que en el hermano Longinos resaltaba, estaba iluminado por la más amable sencillez y por la más inocente alegría. Cuando estaba en alguna labor, tenía siempre un himno en los labios, como sus hermanos los pájaritos de Dios. Y cuando volvía, con su alforja llena de limosnas, taloneando a la borrica, sudoroso bajo el sol, en su cara se veía un tan dulce resplandor de jovialidad, que los campesinos salían a las puertas de sus casas, saludándole, llamándole hacia ellos: "¡Eh!, venid acá, hermano Longinos, y tomaréis un buen vaso..." Su cara la podéis ver en una tabla que se conserva en la abadía; bajo una frente noble dos ojos humildes y oscuros, la nariz un tantico levantada, en una ingenua expresión de picardía infantil, y en la boca entreabierta, la más bondadosa de las sonrisas.
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Cuento de Navidad
El día siguiente sería Navidad y, mientras los tres se dirigían a la estación de naves espaciales, el padre y la madre estaban preocupados. Era el primer vuelo que el niño realizaría por el espacio, su primer viaje en cohete, y deseaban que fuera lo más agradable posible. Cuando en la aduana les obligaron a dejar el regalo porque pasaba unos pocos kilos del peso máximo permitido y el arbolito con sus hermosas velas blancas, sintieron que les quitaban algo muy importante para celebrar esa fiesta. El niño esperaba a sus padres en la terminal. Cuando estos llegaron, murmuraban algo contra los oficiales interplanetarios.
-- ¿Qué haremos?
-- Nada, ¿qué podemos hacer?
-- ¡Al niño le hacía tanta ilusión el árbol!
La sirena aulló, y los pasajeros fueron hacia el cohete de Marte. La madre y el padre fueron los últimos en entrar. El niño iba entre ellos, pálido y silencioso.
-- Ya se me ocurrirá algo --dijo el padre.
-- ¿Qué...? --preguntó el niño.
El cohete despegó y se lanzó hacia arriba al espacio oscuro. Lanzó una estela de fuego y dejó atrás la Tierra, un 24 de diciembre de 2052, para dirigirse a un lugar donde no había tiempo, donde no había meses, ni años, ni horas. Los pasajeros durmieron durante el resto del primer "día". Cerca de medianoche, hora terráquea según sus relojes neyorquinos, el niño despertó y dijo:
-- Quiero mirar por el ojo de buey.
-- Todavía no --dijo el padre--. Más tarde.
-- Quiero ver dónde estamos y a dónde vamos.
-- Espera un poco --dijo el padre.
El padre había estado despierto, volviéndose a un lado y a otro, pensando en la fiesta de Navidad, en los regalos y en el árbol con sus velas blancas que había tenido que dejar en la aduana. Al fin creyó haber encontrado una idea que, si daba resultado, haría que el viaje fuera feliz y maravilloso.
-- Hijo mío --dijo--, dentro de medía hora será Navidad.
La madre lo miró consternada; había esperado que de algún modo el niño lo olvidaría. El rostro del pequeño se iluminó; le temblaron los labios.
-- Sí, ya lo sé. ¿Tendré un regalo? ¿Tendré un árbol? Me lo prometisteis.
-- Sí, sí. todo eso y mucho más --dijo el padre.
-- Pero... --empezó a decir la madre.
-- Sí --dijo el padre--. Sí, de veras. Todo eso y más, mucho más. Perdón, un momento. Vuelvo pronto.
Los dejó solos unos veinte minutos. Cuando regresó, sonreía.
-- Ya es casi la hora.
-- ¿Puedo tener un reloj? --preguntó el niño.
Le dieron el reloj, y el niño lo sostuvo entre los dedos: un resto del tiempo arrastrado por el fuego, el silencio y el momento insensible.
-- ¡Navidad! ¡Ya es Navidad! ¿Dónde está mi regalo?
-- Ven, vamos a verlo --dijo el padre, y tomó al niño de la mano.
Salieron de la cabina, cruzaron el pasillo y subieron por una rampa. La madre los seguía.
-- No entiendo.
-- Ya lo entenderás --dijo el padre--. Hemos llegado.
Se detuvieron frente a una puerta cerrada que daba a una cabina. El padre llamó tres veces y luego dos, empleando un código. La puerta se abrió, llegó luz desde la cabina, y se oyó un murmullo de voces.
-- Entra, hijo.
-- Está oscuro.
-- No tengas miedo, te llevaré de la mano. Entra, mamá.
Entraron en el cuarto y la puerta se cerró; el cuarto realmente estaba muy oscuro. Ante ellos se abría un inmenso ojo de vidrio, el ojo de buey, una ventana de metro y medio de alto por dos de ancho, por la cual podían ver el espacio. el niño se quedó sin aliento, maravillado. Detrás, el padre y la madre contemplaron el espectáculo, y entonces, en la oscuridad del cuarto, varias personas se pusieron a cantar.
-- Feliz Navidad, hijo --dijo el padre.
Resonaron los viejos y familiares villancicos; el niño avanzó lentamente y aplastó la nariz contra el frío vidrio del ojo de buey. Y allí se quedó largo rato, simplemente mirando el espacio, la noche profunda y el resplandor, el resplandor de cien mil millones de maravillosas velas blancas.
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Cuentos de Navidad
Recreemos con los textos el espíritu de la Navidad y disfrutemos de estas Fiestas que no sólo son para reunirse y festejar, sino que el verdadero sentido de la navidad está en sentirla dentro de cada uno de nosotros, y que despierte lo mejor del ser humano, la solidaridad hacia los otros, el rogar por la paz en el mundo, el pedir que no haya chicos con hambre en la Tierra, en fin, el sentir la presencia de Dios dentro de cada ser humano.
jueves, 8 de enero de 2009
POEMA PARA MI PRINCESA MELANY Y RAFAEL MIGUEL MI PRINCIPE
Sentir las campanas
repicando en tu corazón.
Anuncia con sus sonidos
la presencia del amor.
Amor a entregar a todos a tu alrededor.
Sentir esa paz y entrega con tu corazón
El compartir a los demás.
Llega navidad
brinda con tu calor
tu amor a entregar.
Llega navidad
y siente y comparte felicidad.
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viernes, 26 de diciembre de 2008
viernes, 19 de diciembre de 2008
FELIZ NAVIDAD A MIS HERMANOS CARLOS E IVAN
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viernes, 28 de noviembre de 2008
SENTIMIENTOS Y NAVIDAD
Penetra en mis sentimientos
cabalga por mis emociones
siente cada pequeña pasión,
y sobre todo, sé feliz,
por mi y por ti,
Feliz Navidad!
En este año,
en todos los años,
estaré siempre para ti,
y aunque no me necesites,
seguiré estando siempre aquí,
porque te quiero...
porque necesito que seas feliz
Directamente a tu corazón
pasando por mis sentimientos,
directamente a tus emociones,
caminando por mis amores,
directamente a ti,
te deseo toda la felicidad,
que te mereces por ser tú.
De nuevo estoy aquí,
para desearte felicidad,
y apoyarte en tus sueños,
para desearte todos tus éxitos
y acompañarte en tus alegrías,
de nuevo estoy aquí,
y siempre estaré aquí para ti
Feliz Navidad,
que seas feliz todos los días
que la sonrisa sea tu compañía
que la tristeza sólo sea recuerdo
que los sentimientos no te abandonen
que siempre seas todo amor,
y que yo pueda compartirlo contigo.
Autora Ana Maria BarriosAna Maria Barrios
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FELIZ NAVIDAD
Feliz Navidad
Llega navidad
Sentir las campanas
repicando en tu corazón.
Anuncia con sus sonidos
la presencia del amor.
Amor a entregar a todos a tu alrededor.
Sentir esa paz y entrega con tu corazón
El compartir a los demás.
Llega navidad
brinda con tu calor
tu amor a entregar.
Llega navidad
y siente y comparte felicidad.
Feliz Navidad te desea Ana Maria Barrios EscobarAna Maria Barrios
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